Tratados como el CETA o el TTIP no son algo nuevo. En 1994 entró en vigor el NAFTA, un acuerdo de comercio e inversiones entre EEUU, Canadá y México. Sus defensores argumentaban que crearía miles de puestos de trabajo y haría crecer la economía. Sin embargo, en sus 22 años de funcionamiento ha demostrado ser un absoluto fracaso: un crecimiento del PIB en sus primeros 8 años del 1,7% (0,21% por año); un aumento del 12% de la pobreza en México; ha disminuido el poder adquisitivo de la ciudadanía y ha provocado el aumento del desempleo en más de un millón de personas, principalmente en EEUU. Ello ha ocasionado el descontento de buena parte de la población estadounidense, una indignación que ha sabido capitalizar un multimillonario oportunista como Trump.