Las denominaciones de origen corren un serio peligro, por lo que en un futuro es posible que podamos “disfrutar” de Granada Mollar d’Elx cultivada en California. El resto de cultivos del Camp d’Elx no correrán mejor suerte, y se verán expuestos a una brutal competencia con la gran industria agroalimentaria. Ello también echará a perder los intentos de desarrollar una agricultura sostenible en la comarca.
En nuestra cesta de la compra también tendremos que hacer sitio a los pollos clorados, la carne de vaca hormonada, cerdos engordados con ractopamina, los alimentos transgénicos,…, ahora prohibidos en Europa en virtud del principio de precaución.
Y si pensaba escaparse no comprando estos productos tenemos una mala noticia: las grandes multinacionales están presionando para aligerar las normas de etiquetado, por lo que va a ser difícil saber exactamente que nos echamos a la boca aunque pongamos todo nuestro empeño.
El aumento de la competencia sin unas reglas comunes (recordemos que EEUU y Canadá no han ratificado convenios básicos de la Organización Internacional del Trabajo) forzará a las empresas locales a rebajar los derechos laborales para intentar mantener la productividad y seguir vivas frente a las multinacionales. Parece difícil imaginarse, por ejemplo, al sector del calzado con unos derechos laborales todavía más precarios, ¿verdad?
Las pymes son una parte fundamental del tejido económico de nuestra ciudad y a la vez uno de los sectores más vulnerables frente a estos tratados, lo que conllevará el cierre de las empresas incapaces de adaptarse a la brutal competencia y la consiguiente pérdida de empleo a nivel local.
Nuestro Ayuntamiento se verá afectado por las cláusulas de protección a los inversores, lo que limitará la autonomía municipal, obligará a abrir servicios públicos al sector privado, e impedirá la remunicipalización de servicios privatizados ¡por muy mal que estos funcionen!
El incremento de la distancia media recorrida por producto (estimada en 1500 km), unido al aumento de la obtención de combustibles mediante el fracking o las arenas bituminosas supondrá un agravamiento del cambio climático. Elche, situada en una zona de escasas precipitaciones, se verá aún más expuesta a periodos más largos de sequía y a episodios de lluvias torrenciales más intensos.
El CETA conllevaría el aumento del coste de las prescripciones de medicamentos, golpeando así, aún más si cabe, a los vecinos y vecinas de Elche más vulnerables.
Y la lista de consecuencias negativas continúa……